lunes, 19 de septiembre de 2011

Camino de perfección.

Pero al salir de la iglesia a la calle se encontraba sin un átomo de fe en la cabeza. La religión producía en él el mismo efecto que la música: le hacía llorar, le emocionaba con los altares espléndidamente iluminados, con los rumores del órgano, con el silencio lleno de misterio, con los borbotones de humo perfumado que sale de los incensarios.

Pero que no le explicaran, que no le dijeran que todo aquello se hacía para no ir al infierno y no quemarse en lagos de azufre líquido y calderas de pez derretida; que no le hablasen, que no le razonasen, porque la palabra es el enemigo del sentimiento; que no trataran de imbuirle un dogma; que no le dijeran que todo aquello era para sentarse en el paraíso al lado de Dios, porque él, en su fuero interno, se reía de los lagos de azufre y las calderas de pez, tanto como de los sillones del paraíso.

Pío Baroja

jueves, 28 de julio de 2011

Burgos.

Os dejo unas fotos de Burgos, un ciudad bonita y fría donde las haya.







martes, 10 de mayo de 2011

Atardecer.

Cada tarde, antes de esconderse, el Sol refleja en el edificio de enfrente e ilumina mi habitación casi por completo. Ese último rayo de sol de cada día, es como el último rayo de esperanza. Y me gusta esa sensación. Y me gusta observarlo sin hacer nada.

lunes, 25 de abril de 2011

Un sillón para leer.

Hace un par de días, vino una amiga de Valladolid y fuimos a un bar a tomar algo. Y allí estaban, dos preciosos sillones Chesterfield de terciopelo negro, esperando que nos sentáramos, y eso hicimos. Era el sillón más cómodo donde me había sentado nunca,además era suave y acogedor.

De repente pensé que uno de esos sillones sería perfecto para el rincón de mi habitación donde sólamente hay una guitarra abandonada apoyada sobre la pared. Y tenía la utilidad perfecta: un sillón para leer.

Me gustaría tener un sillón para leer, o mejor, ESE sillón para leer. Podría crear un rincón mágico para sentarme a leer, donde deboraría los libros evadiéndome de la realidad.

Seguramente suene a niño caprichoso que quiere un sillón para leer, y pensaréis que puedo leer en cualquier rincón, y estáis en lo cierto. Pero quiero ESE sillón. Seguramente Holden Caulfield me contaría más cómodamente su historia ahí recostado.

sábado, 23 de abril de 2011

Cruz del Castillo.

Ayer me fui a pasar la mañana al monte con unos amigos. Subimos a la cima de la Cruz del Castillo, a 1.432 m de altitud y con varios caminos de ascenso (como todo en esta vida).

El primero que tomamos fue uno de los más difíciles, pero fue maravilloso. Tuvimos que ayudarnos de las manos porque había tramos con mucha verticalidad, tuvimos que reptar por el interior de una cueva...y después de hacer toda estas cosas, la niebla no nos permitía ver la cima y tuvimos que retroceder, pues temíamos perdernos, así que descendimos hasta el punto de salida.
Entonces cogimos la senda "fácil" pero claro, después de los kilómetros que habíamos hecho por el otro camino, las piernas ya comenzaban a cansarse. Pero, tras una hora caminando y ascendiendo, llegamos a la cima. Fue una sensación increíble, pues allí arriba no se veía nada debido a la niebla. Pero de repente, se abrió un claro en las nubes y fue una sensación increíble, sentí que estaba volando, pero sin avión.

Sin duda ayer fue una de las experiencias más increíbles que he vidido hasta el momento.







viernes, 15 de abril de 2011

Seco.

Sí, estoy seco. Estoy pasando por una sequía de ideas. Ahora mismo se avecina una época un tanto caótica, pues son los exámenes finales, y después selectividad, donde me juego el acceso a la universidad, y claro, mi mente no puede pensar en otra cosa....

domingo, 20 de marzo de 2011

Ibai.

Esta misma tarde no he podido evitar emocionarme al leer un artículo en el XLSemanal. Dicho artículo contaba la historia de Ibai, un niño de 4 años al que le habían trasplantado cinco órganos en una misma operación tras descubrir que en el interior del pequeño había crecido un "teratoma feto in feto" (tumor que viene a ser el aborto de un gemelo, con uñas, pelos, músculos..) y de cómo lo había vivido su familia.

Y ha sido ahí, al ver las ganas de vivir del pequeño y la lucha incansable por sobrevivir, además de los testimonios de unos padres destrozados por ver cómo se iba su hijo, cuando la primera lágrima ha empezado a caer por mi mejilla.

¿Cómo podemos dar tanta importancia a las cosas materiales (que no tenemos, por supuesto), a los viajes que no podemos realizar, a lo guapo o feo que es alguien, al dinero que tenemos cada uno? Son cosas verdaderamente insignificantes al lado de historias como ésta en las que los sentimientos están a flor de piel y en las que te das cuenta de que lo único que vale realmente es el sentimiento de amor por la vida y el apoyo de los tuyos. Lo demás no vale nada.